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Vera Mzokova lucha por sus derechos y los de sus coinquilinos «Rosto».


Más que un simple techo sobre la cabeza: Casas para los refugiados

«Somos ciudadanos sin derechos», afirma secamente Vera Mzokova. Esta mujer sexagenaria dirige el centro colectivo «Rosto», un ruinoso edifico de cinco pisos en Vladikavkaz, capital de Osetia del Norte. Es la portavoz de 132 personas que llaman a sus viviendas Rosto.

Ahora bien, legalmente ninguno está aquí en su propia casa. Las autoridades no registran a quien no puede presentar un contrato de alquiler regular o un título de propiedad. En Rosto nadie puede hacerlo. Vera Mzokova nos dice lo que esto significa: «Sin estar registrado no se puede tener un trabajo fijo, los jubilados no perciben las pensiones que les corresponderían, no se puede participar en las elecciones…»

Víctimas de numerosos conflictos

Kazbek Bukulov, un ocupante inválido de Rosto, con sus nietos Egna y Bachiki.

Para muchos de los que viven en Rosto esta situación de ilegalidad dura ya 16 ó 17 años. Principalmente son gentes de Osetia del Sur que, en los años 1990-91, huyeron de la guerra entre Georgia y la insurrecta República de Osetia del Sur. Evidentemente, los destinos son muy diversos. Vera Mzokova, por ejemplo, nació en Vladikavkaz, luego emigró con su marido, en los tiempos de la Unión Soviética, a Tayikistán y Asia Central. Cuando, al desmembrarse la Unión Soviética, se declaró también allí la guerra, se refugió en Vladikavkaz. Hoy es una refugiada en su propia ciudad natal.

Vera Mzokova conoce a todo el mundo en Rosto. Naturalmente, también sus nombres. Va de habitación en habitación en las que generalmente viven familias enteras. Para ella es especialmente importante poder presentar a muchos de los inválidos como Kazbek Bukulov, que perdió una pierna en un accidente. Kazbek Bukulov vive con su mujer, su hijo, la mujer de su hijo y tres nietos en una sola habitación.

Decenas de miles sin casa

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Vera Mzokova zählt der DEZA-Koordinatorin Regina Gujan und dem Programmverantwortlichen Khassan Dzgoev die akuten Probleme in Rosto

Aquellos refugiados que tuvieron la más mínima oportunidad, reconstruyeron sus vidas. Sólo los más débiles y desfavorecidos de la sociedad vegetan todavía en lugares como Rosto. En todo el Cáucaso del Norte, decenas de miles de personas comparten este destino en barracas y chabolas de chapa o en antiguos establos, fábricas, residencias de estudiantes u hoteles. Huidos de los conflictos en Osetia del Sur, Ingusetia, Chechenia o en cualquier otra parte.

El espacio en Rosto es exiguo, la esfera privada apenas existe. Los cuartos de baño se tienen que compartir. Para calentarse y cocinar utilizan serpentines de calefacción incandescentes al descubierto. Los techos ennegrecidos ponen de manifiesto que sólo la suerte ha evitado que el edificio no haya ardido más de una vez completamente. Y a pesar de todo, cuando hablan de su mayor problema se refieren a que no están registrados.



Registro gracias a la renovación y a la privatización

Ahora, esto está cambiando. Con la ayuda de la COSUDE, Rosto será renovado. Para poder hacerlo, sus ocupantes tendrán que mudarse provisionalmente. Cuando vuelvan recibirán la vivienda en propiedad. Así, su situación quedará legalizada, podrán solicitar el ansiado registro y convertirse en ciudadanos de pleno derecho. Para que todo se haga como es debido, las autoridades federales tienen que traspasar en primer lugar el edificio a las autoridades locales que entonces podrán proceder a su privatización. Y esto lleva tiempo. «Precisamente hoy he hablado de nuevo por teléfono con un funcionario en Moscú», explica Vera Mzokova a una vecina que quería saber si el asunto finalmente avanzaba «dentro de pocos días todo deberá estar finalmente solucionado». «Dios lo quiera», murmura la vecina que ya se ha sentido muchas veces defraudada.

Comenzar de nuevo en Plievo

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Un nuevo hogar – Niños en Plievo.

Que comenzar de nuevo también es posible sin un retorno, lo demuestran las 41 casitas de ladrillo coquetamente alineadas en Plievo, un pueblecito en la vecina República de Ingusetia. 56 familias, que al huir de Chechenia lo habían perdido todo, encontraron aquí gracias al programa de la COSUDE una nueva patria. Incluso en medio del invierno queda claro que muchos de los habitantes han aprovechado las nuevas oportunidades para tomar su destino en mano: bajo la delgada capa de nieve se aprecian los arriates.

Al igual que ellos, los habitantes de Rosto se convertirán también en conciudadanos de pleno derecho. «Ya tengo realmente ganas», dice la combativa Vera Mzokova, «sobre todo por los niños que desde que han nacido no han conocido otra cosa más que esta miseria».