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Entrevista con Tewolde Berhan Gebre Egziabher
La vuelta atrás – un camino con futuro
El biólogo y especialista de la biodiversidad Tewolde Berhan Gebre Egziabher ha obtenido importantes logros tanto en su país, Etiopía, como en la creación de instrumentos internacionales para la protección de la biodiversidad. Sus pronósticos de futuro contradicen los actuales paradigmas de la industria agroalimentaria. Entrevista: Gabriela Neuhaus.

Desde hace años Usted aboga por un trato respetuoso de la biodiversidad en nuestro planeta. ¿Cómo empezó?

Tewolde Berhan Gebre Egziabher: Yo me he criado en el campo, en una familia de pequeños campesinos. Como yo era un niño más bien enfermizo, los demás niños me dejaban de lado y sólo tenía las plantas para que me hicieran compañía. Así nació y empezó a desarrollarse una vocación. Fui al “College” donde estudié biología y entré por primera vez en contacto con las cuestiones de la biodiversidad. Luego, más adelante, cuando fui catedrático y director de la facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Addis Abeba, se me ofreció la dirección del banco de genes etíope. Acepté y sigo ocupándome del tema.

Usted se ha implicado en los últimos 20 años a los más diferentes niveles a favor de la conservación de la biodiversidad. ¿Qué se ha alcanzado en este sector?

Ciertamente, nuestro principal logro es la conciencia global de que poniendo en peligro la biodiversidad también ponemos en peligro nuestra propia supervivencia. Sin el convenio para la conservación de la biodiversidad y los instrumentos que conlleva, esto hubiera resultado imposible. Nosotros tenemos que aprender de nuevo el modo de convivencia que las generaciones precedentes han mantenido con el medio ambiente. Esto quizás pueda sonar algo abstracto, pero, por ejemplo, en mis primeros debates todavía resultaba imposible hablar de los derechos tradicionales de las comunidades campesinas o de los derechos de los campesinos. Los interlocutores del Norte veían en ello un peligro. Afortunadamente esto ha cambiado gracias a los convenios internacionales a los que se ha llegado bajo la dirección de la FAO.

¿Por qué resulta tan importante el trabajo de concienciación?

La humanidad es cada vez más urbana y se aparta cada vez más de las otras formas de vida. Esto queda bien patente en un estudio en el que se les preguntaba a los niños si la leche venía de la botella o de la vaca. La mayoría respondía que la leche venía de la botella. Y no es que los niños fueran tontos, simplemente se basaban en informaciones de su vida real. Pero incluso aunque la mayor parte de los seres humanos se sirvan la leche a partir de la botella, lo cierto es que sin la vaca no habría leche. Precisamente porque en la sociedad urbana no existe una experiencia inmediata de la biodiversidad, resulta de capital importancia transmitir y mostrar a la humanidad la creciente complejidad del problema y que la conservación de la vida en última instancia también es útil para nosotros.

En segundo lugar, también resulta problemático que sólo dispongamos de un Convenio sobre la biodiversidad pero no de una legislación internacional vinculante. Creo sin embargo que esto cambiará en los próximos 20 años. Dejará de haber una sola potencia mundial y el poder se repartirá entre varios. Tan pronto como esto suceda, el derecho internacional tendrá más peso.

Los acuerdos internacionales sobre la conservación de la biodiversidad se enfrentan hoy con frecuencia a los intereses particulares.

Desde la época de Reagan y de Thatcher se ha convertido en costumbre que incluso los gobiernos gobiernen en función de los intereses de las empresas. Las empresas dominan el mundo. Si yo tengo en mi empresa un banco de genes, esto sólo sirve a los intereses privados. Después de la 2ª Guerra Mundial y especialmente en los años 60 y 70 se perdió de manera general el interés por cultivar una gran variedad de plantas. En efecto, se creía haber encontrado una solución. Se conservaba el material genético en bancos de genes. Algo que parecía lógico y hasta resultaba sencillo. Sin embargo, las soluciones simples suelen acarrear por regla general problemas complejos. Hoy los bancos de genes no funcionan como se esperaba. Muchos de estos bancos han sido privatizados, los gobiernos apenas ponen a disposición medios financieros para la conservación de la biodiversidad en el sector agrario. Sin embargo, precisamente debido al cambio climático, la diversidad se nos impone de nuevo cada más como una obligación ya que sólo así podremos adaptar nuestros cultivos a las condiciones cambiantes y disponer de alimentos también en el futuro. El futuro no es precisamente alentador. Por una parte tenemos un gran retraso tanto en la biodiversidad como en el compromiso de los gobiernos y por otra parte necesitamos cada vez más material genético. Espero que pronto podamos conseguirlo.

Además, una enorme confianza en la tecnología genética está estrechamente ligada a la privatización. De esta tecnología se espera que se puedan llevar a cabo las necesarias adaptaciones de las plantas a los cambios que se produzcan en el medio ambiente. A mi me parece que esta confianza ciega es como si alguien que no sabe nadar se tira a un río y esperara salir indemne. Me gustaría, incluso podría tener esta confianza, sin embargo afirmo que si la iniciativa queda sólo en manos de empresas privadas, nuestro futuro alimenticio corre un serio peligro.

¿Por qué el tema de la biodiversidad tiene precisamente tanta importancia para los países más pobres?

Los campesinos en la mayor parte de los países africanos utilizan sus propias semillas. Aquí sigue vivo todavía lo que vosotros en Europa y en América habéis destruido. La pérdida de la biodiversidad agraria es un problema mucho mayor en el Norte que entre nosotros. No digo sin embargo que África no esté también concernida ya que todo es un problema global. Pero en los países industrializados este problema es mucho más grave. Si allí donde se ha perdido la biodiversidad agraria se produjera realmente una crisis de nada serviría toda la riqueza. ¡El oro acumulado no remplaza a los alimentos!

No obstante, las multinacionales de semillas aspiran también a controlar las semillas en el Sur. Y la presión aumenta ya que en espacios cada vez más reducidos, precisamente también en África, se ha tenido que producir más.

Sí, y no cabe ninguna duda de que estas empresas seguirán intentándolo cada vez más. Sin embargo, hasta ahora, no habían tenido mucho éxito en África y cuento con que en los próximos años no habrá grandes cambios. Lo que sí producirá cambios es el cambio climático.

Por lo que respecta a las plantas genéticamente modificadas, sobre las que apuestan las empresas de semillas, todavía no he visto ninguna especie que sea capaz de competir en el cultivo real con los cultivos habituales y que pueda aumentar por lo tanto los beneficios. Excepto en que quizás hay que desherbar menos en el caso de las plantas resistentes a los herbicidas y con las plantas BT se pueden combatir ciertas enfermedades. La otra única vía posible es la puesta en marcha de una revolución verde como la que se llevó a cabo en Asia. Claro que para ello se necesitan productos químicos y estos en África nadie puede procurárselos. Actualmente aumentan tanto los precios del petróleo que a medio plazo las explotaciones agrícolas industriales en Europa o en América no se podrán procurar abonos químicos. La tecnología para fabricar abonos químicos sin petróleo a precios razonables está todavía en sus primeros balbuceos, así que nosotros recurrimos a las tecnologías preindustriales que utilizan sustancias nutritivas naturales en el ciclo del suelo y pondrán en marcha una gestión de la fertilidad.

¿Esto significa que porque nosotros ya no podamos permitirnos nuestra agricultura intensiva actual, tenemos que dar marcha atrás?

Cuando en los años 60 yo preparaba en Inglaterra mi tesis doctoral, se investigaba mucho para comprender y mejorar el ciclo natural del nitrógeno en el suelo. Con el avance triunfal de los abonos químicos se abandonó esta investigación. Ahora es el momento de retomarla de nuevo. Yo parto de que la ciencia en el futuro se centrará en el ecosistema natural para maximalizar la productividad del suelo sin aportes externos.

La agricultura del futuro poseerá más conocimientos y, contrariamente a la revolución verde, estará más diversificada localmente. Los correspondientes proyectos de investigación, que se orientan hacia las condiciones locales, ya han sido lanzados. Si tuviéramos petróleo para siempre y no hubiera un cambio climático, quizá llegaríamos a contaminar totalmente la Tierra. En efecto, a la larga, no hay suelo que cada estación resista nuevos productos químicos. Dicho de otra manera, en el futuro se tendría que reducir de todas formas la utilización de los productos químicos en la agricultura. El calentamiento global y el aumento de los precios del petróleo, aceleran ahora este proceso.

Esto suena a un cambio fundamental en la agricultura. ¿Es esto realmente posible en un plazo razonable?

El cambio se puede llevar a cabo muy rápidamente por tres razones: también allí donde se ha desterrado la biodiversidad en la agricultura, se pueden rescatar de los libros los viejos conocimientos. En segundo lugar existen todavía en el mundo numerosas regiones en las que se practica una agricultura diversificada y los viejos conocimientos permanecen vivos. Gracias a la comunicación global estos conocimientos se pueden utilizar también en otras partea. Y tercero, las circunstancias nos obligarán a impulsar la investigación en esta dirección y a activar y mejorar los viejos conocimientos.

Más difícil resultará activar de nuevo los cultivos de plantas ya desaparecidas de los campos. Llevaría miles de años rescatar el cultivo de plantas que hemos perdido en un siglo. No obstante seguimos disponiendo de una gran diversidad de recursos genéticos. Etiopía, por ejemplo, está muy poco afectada por la desaparición de la biodiversidad. Muchas de sus viejas especies siguen creciendo en el país y por lo tanto no están perdidas. Y luego se puede recurrir también a los bancos de genes. Así se podrán cultivar de nuevo especies desaparecidas. Esto no es una empresa sin esperanza pero sí muy difícil.

Mucho más problemático resulta en el caso de los animales domésticos porque en este caso no disponemos de ningún banco de genes y la base genética de las razas tradicionales es mucho menos amplia que la de las plantas. Aunque siendo sinceros, las plantas son mucho más importantes que los animales. Se puede vivir de cereales y la carne no es absolutamente necesaria. Muy rápidamente desaparecerá también la biodiversidad en las regiones desérticas y este es un grave peligro. En la selva tropical se crea, por motivos que no comprendo exactamente, mucha menos nueva biodiversidad que en las regiones más frías. También incidirá en un retroceso de la biodiversidad el que ahora haga más calor debido al cambio climático. Con nuestras tierras de cultivo, las carreteras y los ferrocarriles, a los animales y a las plantas salvajes les resulta muy difícil desplazarse e instalarse en regiones más frías. Por lo tanto no pueden propagarse. Además, los desiertos que se extienden cada vez más impiden a las especies escapar de las regiones excesivamente calientes. De este modo, el mundo perderá otras muchas especies pues no hay retorno posible. Ni siquiera aunque cambiáramos drásticamente nuestro comportamiento.

¿Cuáles son las medidas más urgentes para conservar por lo menos la biodiversidad en el sector agrario y garantizar así la seguridad alimentaria en el futuro?

En primer lugar, habría que tomar seriamente en mano la actual biodiversidad agraria. Partiendo del status quo actual se la podría salvar. En este sentido, no hay una sola receta a la medida y numerosos factores desempeña un papel importante. Hay que aprovisionar y mantener los bancos de genes; aquellos que ya practican una agricultura diversificada deberían poder seguir haciéndolo en el futuro, esto también es factible. Y sobre todo hay que tirar por la borda en la investigación el viejo modo de pensar procedente de la época de la revolución verde que todavía está bastante extendido. La producción agraria y la investigación tienen que adaptarse a las realidades presentes y futuras.


Biografía:

Tewolde Berhan Gebre Egziabher estudió biología en Addis Abeba y Gales, ha sido, entre otros, catedrático en la Universidad de Addis Abeba y Director del Banco de genes de Etiopía. Hoy es General Manager de la Environmental Protection Authority of Ethiopia. Desde los años 90 trabaja también en el campo internacional a favor de la conservación de la biodiversidad. En este sentido, siempre ha luchado por anclar los derechos colectivos de los campesinos en los recursos genéticos y contra la patentización de la vida. En las negociaciones de Cartagena 1999 y de Montreal 2000 sobre la bioseguridad, fue portavoz de la mayoría de los países del G77 que hizo prevalecer sus exigencias sobre la protección frente a la tecnología genética y la conservación de la biodiversidad a pesar de la fuerte oposición de los EE.UU. y de la UE. En 2000, Tewolde Berhan Gebre Egziabher, nacido en 1940, recibió el Premio Nobel Alternativo por su «ejemplar trabajo destinado a la protección de la diversidad de las especies y de los derechos tradicionales de los agricultores y comunidades a sus recursos genéticos». En 2006 la PNUD le nombró «Champion of the Earth».

Informaciones complementarias y documentación

  • Un seul monde
    Disponible seulement en Suisse
    No. 2/2008: Biodiversité, Congo, Biocarburants
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